Proyectos Legislativos

Proyecto Comunicación Nº 341/2002 - Texto Proyecto

FUNDAMENTOS

 

Nuestro país, y la región patagónica en particular, debate una eventual fusión de provincias. El proceso, denominado regionalización, procura sumar esfuerzos en áreas en las cuales nuestra región no tiene grandes diferencias: turismo, recursos hídricos, riquezas del subsuelo, etcétera. También está en discusión la unificación de la estructura, en el marco de la necesaria reforma política.

 

Todo este proceso es por cierto muy complejo y debe ser un ejemplo de transparencia en el cual la participación ciudadana es imprescindible. Por su multiplicidad y trascendencia, cada uno de los pasos merece ser producto del diálogo de todos los sectores.

 

El debate sobre la regionalización ha sacado a la luz una serie de argumentos, algunos de los cuales son peligrosos. La variedad de intereses en disputa hace necesario que la Legislatura de Río Negro y el Parlamento Patagónico tomen posición respecto a algunas de las posibilidades barajadas, dejando que otras cuestiones sean definidas con la participación de todos los actores sociales.

 

En estos días hemos asistido a la exaltación del sentimiento patagónico que sin dudas es muy marcado en todos aquellos que habitamos la región sur del país.

 

La percepción de un pasado, un presente y seguramente un futuro común con nuestros vecinos patagónicos no está, sin ningún lugar a dudas, en discusión. Nuestra Legislatura ha dado cuenta en reiteradas ocasiones de su identificación y de su sentido de pertenencia a la Patagonia, fomentando incluso la creación de foros que impliquen a toda la región.

 

Sin embargo, es preciso que la Legislatura tome una decidida posición y rechace de plano la idea, fomentada por algunos sectores, de separar a la Patagonia del resto de la Nación Argentina.

 

Efectivamente, la postura secesionista ha sido motivo de un reciente sondeo, realizado en la Patagonia por la consultora Giacobbe y Asociados, financiado por “una empresa europea”, so pretexto de “conocer el pensamiento de los habitantes antes de invertir”.

 

De acuerdo a lo que indicó la consultora, un importante porcentaje de quienes respondieron a la encuesta manifestaron su disposición a que la Patagonia se escinda del territorio nacional para formar una nación independiente.

 

Más allá del sentimiento de pertenencia patagónico, oscuros intereses se muevan tras esta propuesta. Es deber de todos develar y denunciar las segundas intenciones en el momento en que la maniobra se halla en estado embrionario, antes de que avance lo suficiente.

 

“La historia no se repite” suele ser una máxima de muchos historiadores y están en lo cierto. Sin Embargo, no menos certero es que su estudio permite no cometer los mismos errores y no dejarse engañar de la misma manera.

 

Hace exactamente cien años, Panamá era una provincia de Colombia, pero los Estados unidos tenían la intención de construir en su territorio un canal que permitiese unir el Océano Atlántico con el Pacífico.

 

Demás está decir los importantes intereses económicos y geopolíticos que se movían detrás de esa intención. Estados Unidos no sólo necesitaba el canal para transportar mercaderías importadas y exportadas desde distintos puntos del planeta, sino también para trasladar tropas y armamentos en caso de algún conflicto de magnitud.

 

Panamá sufría la marginación de Colombia, cuyo gobierno resultaba excesivamente centralista y hacía caso omiso de los reclamos panameños de mayor inserción en la economía nacional.

 

Por otra parte, Panamá tenía un potencial económico que sustentaba aspiraciones a un mayor bienestar. En efecto, los panameños sentían que por sus recursos naturales deberían ser tratados con mayor consideración por el gobierno central. Por otra parte, tenía comunicaciones marítimas fluidas con otras naciones que apuraron el proceso separatista.

 

Un año antes había finalizado la denominada “Guerra de los mil días” y se había firmado el Tratado de Wisconsin, pero el conflicto había dejado secuelas durísimas para la economía panameña.

 

Ante esta circunstancia, Estados Unidos aceleró y apoyó el proceso de separación de Panamá, que concluyó el 3 de noviembre de 1903. Francia, que tenía una empresa, la Compañía Nueva, que había invertido fuertemente en el istmo, temía perder sus negocios en la región y también apoyó la escisión.

 

Como Estados Unidos no podía postergar por más tiempo la construcción de una canal bioceánico, amenazó a los panameños con construir el pasaje en Nicaragua, y prometió ayuda económica a las burguesías locales si se independizaban. Los panameños, conscientes de la importancia del canal para sus aspiraciones comerciales, apuraron la independencia.

 

La influencia imperialista de Estados Unidos quedó expuesta en dos hechos fundamentales: por un lado, el entonces presidente norteamericano, Tehodore Roosevelt, quien había ofrecido a Colombia comprar el área del canal, celebró la separación con la frase “I took Panamá (Yo tomé Panamá)”. Además posteriormente Estados Unidos “indemnizó” a Colombia con veinticinco millones de dólares, para reparar la perdida sufrida. Cabe aclarar que Estados Unidos reconoció de manera inmediata la nueva nación panameña. Por otra parte, la rebelión se desató exactamente en el área designada para la construcción del canal. Los hechos posteriores alrededor del Canal de Panamá demuestran la importancia geopolítica que Estados Unidos le asignó al tema.

 

La situación de entonces en Panamá presenta llamativas similitudes, aunque también algunas diferencias con el escenario actual en la Patagonia. En primer término, aunque Estados Unidos consolidó su poderío militar y económico mundial y en los últimos tiempos ha perdido siquiera el prurito de disimular sus intervenciones y presiones, el poder económico también se transnacionalizó, con lo cual los peligros son más complejos y difíciles de detectar.

 

En cuanto a las similitudes, huelga decir la importancia estratégica de la región patagónica. En primer término, también cuenta con el único pasaje bioceánico de América del Sur, por otra parte se encuentra sumamente próxima al territorio antártico, de fundamental relevancia en el contexto mundial.

 

No puede dejar de mencionarse tampoco la reiterada intención de las principales potencias militares de construir un escudo nuclear continental, desde Tierra del Fuego hasta Alaska, cuestión que se be resaltada luego de los atentados del 11 de septiembre.

 

Por otra parte, la coyuntura económica tiene algunos rasgos similares. El país sufre una crisis sin precedentes, la Patagonia no está para nada exenta de la misma y en un clima de tensión social, espurios intereses pueden encontrar campo libre para imponer sus condicionamientos.

 

Finalmente, los patagónicos –como antes lo conocían los panameños- sabemos de la constante insolencia del poder central, que relega las legítimas aspiraciones de buena parte del interior del país, especialmente de los sureños.

 

También nosotros poseemos importantes reservas naturales que son muy requeridas, y que lo serán aún más en el futuro. Petróleo, gas, agua, otras formas de energía no contaminantes, tierras, todos son recursos que en el mediano plazo serán fundamentales. La escasez del petróleo aumentará sin dudas su cotización, como ocurrió con la crisis de 1997. La Antártida la reserva más importante de agua dulce del planeta, por lo cual es muy disputada por los países centrales. Todo esto, además, en el marco de variados ecosistemas libres de contaminación.

 

El potencial ictícola no puede desecharse en un mundo en el cual las predicciones dicen que el hambre se acentuará. Finalmente, aunque sin la intención de cerrar la lista de nuestras riquezas, el tema turístico ha sido el pilar de la recuperación de muchas naciones, como España.

 

Todas estas coincidencias con la situación panameña de hace un siglo no indican que invariablemente terminaremos igual pero sí de servir para estar alertas. Se sabe que todo movimiento separatista obedece a un multiplicidad de causas. En otras regiones, como en Argelia o en los Balcanes, la cuestión histórica, cultural y religiosa tiene muchos peso. Sin embargo, no se puede soslayar la influencia que tuvo la actitud del Fondo Monetario Internacional, con sus exigencias a través de una receta única, en la separación de la ex Yugoslavia. Tampoco se puede ignorar que detrás de los intereses secesionistas del País Vasco hay motivaciones económicas de peso.

 

Nuestra región no tiene diferencias lingüísticas, étnicas ni religiosas. El sentimiento patagónico está muy difundido, pero también lo está el de pertenencia a la nación argentina.

 

En este marco, la prevención de esta Legislatura puede resultar exagerada, pero es necesario cortar de cuajo ciertos procesos subterráneos, que son promovidos por personas y entidades sólo interesados en el lucro, y que en muchos casos se valen de personas de buena voluntad, antes de que su emergencia ocurra con tal magnitud que sean imparables.

 

De esta manera, la Legislatura debe rechazar de manera enérgica cualquier intento secesionista, e involucrar en el debate, para que haga suya esta impugnación, todo el Parlamento Patagónico.

 

Por todo lo precedente.

 

AUTORA: Regina Kluz

 

 

LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DE RIO NEGRO

C O M U N I C A

 

Artículo 1º.- Que rechaza totalmente cualquier intento que promueva la separación del territorio patagónico de la Nación Argentina.

 

Artículo 2º.- Que vería con agrado que el mismo enérgico rechazo sea formulado por el Parlamento Patagónico, para lo cual eleva esta comunicación.

 

Artículo 3º.- De forma.